Por mucho que lo repitan, las competencias soft no son lo más importante

Soy un fan absoluto de la serie House. Lo primero que hice cuando me di de alta en Amazon Prime, hace ya tiempo, fue ver los ciento setenta y siete episodios de la serie. Obviamente no los vi de una única sentada, pero tampoco tardé los ocho años que estuvieron las ocho temporadas en antena. Supongo que a estas alturas todo el mundo sabe a qué serie me estoy refiriendo, pero por si hay alguien que no conoce la mejor serie de todos los tiempos, diré que trata de un médico especialista en diagnósticos de enfermedades raras, que se muestra irreverente, sarcástico, mal educado y déspota con su equipo, con los pacientes y hasta con los propietarios del hospital donde trabaja. Es decir, el claro ejemplo de cómo no debería ser un líder, ni siquiera un jefe (que ya es decir). Pero a decir verdad, si yo tuviera una enfermedad de difícil diagnóstico, me gustaría que me viese el doctor House. Bueno, probablemente él no me vería porque casi nunca veía a sus pacientes, pero me pondría en sus manos sin dudarlo.

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