No quiero ser feliz, simplemente quiero hacer mi trabajo


El empecinamiento que tienen muchas organizaciones en hacer felices a sus trabajadores es de una prepotencia supina. No sólo se erigen en adalides de un bien supremo: hacer felices a los demás (algo que las religiones y los totalitarismos también se ponen como meta), sino que además se creen que tienen las recetas mágicas de tu felicidad. Algo que ha sido motivo de discusión y debate de filósofos y pensadores desde hace siglos sin llegar a entender del todo, ellos entienden perfectamente lo que es la felicidad, saben cómo alcanzar y además saben cómo tú vas a alcanzarla gracias a ellos. Sorprendente arrogancia.

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