La importancia de frustrarse y cabrearse consigo mismo

Después del éxito que obtuve con el artículo titulado “La importancia de avergonzarse” (un éxito comedido, por supuesto, que no soy Gellida), me he decidido a escribir sobre otro par de emociones que me encantan: el cabreo y la frustración. Recuerdo una de las veces que más me cabreé y me frustré en mi vida, fue a raíz de una nota de un examen de matemáticas de primero de BUP (los que no sepáis lo que es primero de BUP, preguntad a vuestros padres que seguro que lo sabrán). Ese examen lo había estudiado a conciencia, me había esforzado de verdad, pero suspendí. Salí de la clase cabreado y frustrado conmigo mismo después de saber la nota. Le pregunté a un amigo qué había sacado y me dijo que él también había suspendido. ¿Y no estás cabreado? —le pregunté. Pues no. No estaba cabreado ni frustrado. Porque el examen le importaba un pimiento.

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