Formación efectista vs Formación efectiva

Hace unos día quedé a tomar una cerveza con un cliente a punto de jubilarse. En aquel momento era aún director general de una fábrica perteneciente a un grupo multinacional. Tuvimos una charla realmente interesante, incluso divertida. Hablamos de lo divino y de lo humano, me agradeció el trabajo que había hecho con ellos y me confesó que ojalá hubiéramos podido colaborar más.

También compartió conmigo una experiencia que había tenido en su última convención de directores europeos. En esa reunión se organizó para todos los asistentes una sesión cuyo objetivo era reducir el estrés. En concreto participaron en una sesión de yoga. Ni mi interlocutor ni yo tenemos nada en contra del yoga, es más, yo por mi parte creo que es beneficioso para ciertas personas, pero ambos coincidimos en que la manera de reducir el estrés de cualquier ser humano (no únicamente de directores de fábrica) no era con una sesión de yoga. Incluso mi compañero de conversación se aventuró a asegurar que todos y cada uno de los presentes en esa sesión, cuando volvieron a su puesto de trabajo en sus respectivos países seguían con el mismo nivel de estrés que tenían antes de la convención. Y es que hay una gran diferencia entre una sesión efectista y una sesión efectiva. Al igual que hay una gran diferencia entre una formación efectista y una formación efectiva.

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