E-learning ¿sí o no?

Hace tiempo una persona me contó que durante muchos años estuvo convencida de que no le gustaba la tortilla de patatas. Cada vez que iba a un bar y alguien le ofrecía un pincho de tortilla, lo rechazaba de manera educada alegando que no le gustaba. Esto provocaba que las demás personas que iban con ella le miraran extrañados, ya que como todo el mundo sabe es imposible que no te guste la tortilla de patatas. Un día decidió, por lo que sea, acceder a comer un bocado. Y sorprendentemente para ella (al resto de personas no les asombró en absoluto), le gustó. Entonces cayó en la cuenta de que en realidad lo que no le gustaba era la tortilla de patatas que hacía su madre. Nuestra experiencia influye en nuestras opiniones sobre lo que nos rodea. En ocasiones podrás escuchar a personas que afirman que las vacunas son dañinas, que todos los hombres son unos violadores o que si deseas algo con mucha fuerza terminarás por conseguirlo… Esas afirmaciones surgen de la experiencia de quien las dice o porque se lo han oído a otras personas. Pero no porque se las crean significa que sean ciertas, ni mucho menos. Todas las generalizaciones son falsas, ya que siempre existirán ejemplos en uno u otro extremo que invaliden las aseveraciones globales.

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