Contra los propósitos de Año Nuevo

La verdad es que no suelo ser de esas personas que eligen ciertas fechas concretas del calendario para ser nombradas los momentos más propicios para algo, ya sea para empezar una dieta, empezar a hacer ejercicio o cualquier otro suplicio que nos encanta infligirnos a los seres humanos porque podemos y ya está. Cuando he esperado a un día concreto, como por ejemplo un lunes, o el primer día del mes, el primer día del otoño, o incluso la  segunda quincena de septiembre, por poner algunos ejemplos, una vez llegado ese día me he decepcionado terriblemente. Porque es un día como otro cualquiera: tiene 24 horas y cualquier cosa que fuera a hacer me venía igual de mal o igual de bien que otro día cualquiera. He de reconocer que lo más probable es que la razón de mi decepción sea que me creo unas expectativas demasiado altas. Cuando alguna vez he señalado una fecha concreta para hacer algo, he creído firmemente que a partir de las 00:00 de ese día, el bloqueo que me impedía hacerlo desaparecería, que algo cambiaría en el universo o en mi persona para poder permitirme cambiar mis hábitos y ser una persona nueva. Y claro, al llegar ese día me decepcionaba miserablemente y aplazaba el inicio de eso tan increíblemente importante a otro fecha igualmente intranscendente.

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