Cómo nacen los rumores

Cuando uno es pequeño enseguida aprende que la vergüenza es una emoción muy desagradable, sobre todo porque habitualmente se experimenta delante de otros. Las primeras experiencias conscientes con la vergüenza suelen producirse por los chistes. Sobre los 7 años los niños empiezan a descubrir el doble sentido del lenguaje y, por lo tanto, empiezan a entender chistes que se basan en ese principio humorístico. A esa edad, después de contar uno de esos chistes es típico preguntar: «¿Lo has pillado?». Más te vale decir que sí. Ser de los primeros en pillar el chiste es clave para tener cierto prestigio y reconocimiento social entre los compañeros de edad. Algunos se afanan en buscar al que no ha entendido el chiste, el lenguaje no verbal se controla poco a esa edad, y así señalarle rápidamente haciendo evidente su ignorancia. El protagonista inesperado de la situación en ese momento se muere de vergüenza y tratando de evitar el bochorno replica rápidamente que sí lo ha «pillado», para después desinflarse cuando le retan a explicarlo. Y con este simple mecanismo es como aprendemos que lo que importa realmente no es entender las cosas, sino ser el primero en reaccionar. De esta manera funciona la información en estos tiempos que nos ha tocado vivir y, por supuesto, los rumores en una organización.

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